
El 4 de julio de 2026, los Estados Unidos de América conmemoraron dos siglos y medio de su independencia. En la República Dominicana también deberíamos mirar hacia atrás y recordar un episodio histórico que muchos desconocen. Hubo un momento en que nuestro país estuvo al borde de convertirse formalmente en un estado de la Unión Americana. Por poco la bandera dominicana pudo haber dejado de ondear como símbolo de una nación soberana para pasar a formar parte de los Estados Unidos.
No se trata de exageración ni de teoría. Fue un proyecto político real impulsado por el entonces presidente dominicano Buenaventura Báez y respaldado con entusiasmo por el presidente estadounidense Ulysses S. Grant, dentro de una visión geopolítica que incluía el plan de que fueran colonias norteamericanas Cuba y Puerto Rico.
De las tres islas caribeñas, Puerto Rico terminó bajo dominio norteamericano y todavía hoy mantiene ese vínculo político con Washington. Cuba y República Dominicana lograron conservar su independencia, aunque pagando un alto precio de sacrificio, sangre y enfrentamientos con EE.UU.
En nuestro país se habla muy poco de esa lucha. La llamada Guerra de los Seis Años (1868-1874) permanece olvidada en la memoria colectiva dominicana, pese a que fue una tercera guerra de independencia.
Conquistamos la independencia de Haití en 1844, liderados por Juan Pablo Duarte. Sufrimos la anexión a España en 1861 bajo la tutela de Pedro Santana, hasta recuperar la soberanía en la Guerra de la Restauración iniciada en 1863. Apenas los restauradores guardaban sus machetes ensangrentados, tuvieron que volver a empuñar las armas ante otra amenaza extranjera: la anexión a Estados Unidos.
Buenaventura Báez promovió un tratado para entregar el país a Washington. El Congreso dominicano lo aprobó y Grant impulsó el proyecto con fuerza desde la Casa Blanca. Fue entonces cuando surgieron hombres casi borrados de la historia nacional, como los generales Timoteo y Andrés Ogando Encarnación, quienes encabezaron la resistencia desde San Juan, especialmente en Rancho Mateo.
El primer combate importante ocurrió en Boca de Cachón. Aquel reducido grupo de patriotas fue derrotado inicialmente, pero no se rindió. Con el respaldo posterior de figuras como Gregorio Luperón y José María Cabral, el movimiento fue creciendo hasta tomar pueblos del Sur como Las Matas de Farfán y Neiba.
En 1871, cayó el gobierno de Báez y con él se desplomó el proyecto de anexión a Estados Unidos. Gregorio Luperón escribió en sus memorias que en San Juan encontró “una fuerza respetable, organizada y con todos los habitantes unificados en un solo pensamiento: derrocar a Báez y salvar a la Patria”.
Ahí está la gran reflexión para la República Dominicana de hoy. Un país que desconoce las luchas que garantizaron su soberanía corre el riesgo de no valorar lo que posee.


