
En 1916 las tropas norteamericanas encontraron un país destruido por las guerras civiles. Los militares de EE.UU. organizaron las finanzas públicas y construyeron una red carreteras, hospitales, escuelas.
«¡La verdad es hija de Dios y tiene que ser dicha!». Desconozco el autor de esa frase, pero una verdad difícil de negar es que, a la llegada de las tropas norteamericanas en 1916, el Estado dominicano apenas existía como una estructura capaz de ejercer autoridad efectiva en todo el territorio nacional. El gobierno existía de nombre, no en la práctica.
Desde el asesinato del presidente Ulises Heureaux (Lilís), el 26 de julio de 1899, hasta la ocupación militar estadounidense, el país vivió una prolongada etapa de inestabilidad política, violencia y enfrentamientos entre caudillos regionales.
Incluso el presidente Ramón Cáceres (Mon), quien intentó impulsar un gobierno estable y organizado, terminó siendo víctima de un asesinato el 19 de noviembre de 1911. Los caudillos militares provinciales, como Desiderio Arias, hacían la vida imposible a los gobiernos de turno. La República Dominicana era un país pequeño, pero fragmentado en múltiples centros de poder armados, siempre dispuestos a desafiar la autoridad del gobierno central.
Ante aquel panorama desolador, Estados Unidos observaba con preocupación que el país acumulaba deudas con empresarios norteamericanos y con el propio gobierno de EE. UU. Era evidente que, por los golpes de Estado, asesinatos de presidente, guerras civiles, el gobierno dominicano no podía pagar deudas a los empresarios estadounidenses o de cualquier otra nación. Existía el temor de que otra potencia extranjera intentara intervenir el país. En ese contexto se produjo la intervención de 1916, que dio inicio a un proceso de reorganización institucional del Estado dominicano.
Uno de los primeros pasos de las autoridades de ocupación fue el desarme de la población. Se prohibió la posesión de armas sin autorización, con el propósito de poner fin a las constantes guerras civiles, levantamientos y enfrentamientos entre caudillos que habían caracterizado gran parte de la vida política nacional.
Se creó la Guardia Nacional Dominicana, una fuerza militar profesional destinada a sustituir los ejércitos regionales y garantizar el orden público en todo el territorio nacional. Se organizaron las finanzas públicas, fortaleciendo la recaudación de impuestos y el control de las aduanas para estabilizar la economía y asegurar el pago de la deuda externa.
En una conferencia celebrada en la Academia Dominicana de la Historia, pregunté al historiador Wenceslao Vega cuál consideraba la principal enseñanza que había dejado la intervención norteamericana de 1916. Su respuesta fue breve: «No desorganizarnos para que nadie nos tenga que venir a organizar».
Las tropas estadounidenses construyeron las principales carreteras que comunican la capital con el Cibao, la Línea Noroeste y la frontera con Haití. También desarrollaron importantes vías de comunicación hacia las regiones Sur y Este del país.
Como explicó el expresidente Juan Bosch en uno de sus ensayos: «El país no estaba comunicado y, por tanto, no era un país, sino un conjunto, no precisamente homogéneo, de varios países pequeñísimos que se distinguían hasta en la forma de hablar la lengua española».
Bosch agrega que el Estado existía de nombre, pero no en la práctica. Según su interpretación, fueron los infantes de marina norteamericanos quienes organizaron gran parte de la estructura administrativa del gobierno y promovieron legislaciones cuyos efectos aún se reflejan en la institucionalidad dominicana.
Estados Unidos declaró oficialmente ocupado el país el 29 de noviembre de 1916, cuando el capitán H. S. Knapp publicó una proclama mediante la cual anunció que la República Dominicana quedaba «en un estado de ocupación militar por las fuerzas bajo mi mando y queda sometida al Gobierno Militar y al ejercicio de la Ley Militar, aplicable a tal ocupación».
El oficial estadounidense advirtió, además, que solo permanecerían vigentes aquellas leyes dominicanas que no entraran en conflicto con las disposiciones del Gobierno Militar de Ocupación.
Referencias
Bosch, J. (1982). Artículo sobre la ocupación militar estadounidense y la formación del Estado dominicano. Listín Diario.
Knapp, H. S. (1916). Proclama de ocupación militar de la República Dominicana (29 de noviembre de 1916). Archivo General de la Nación (AGN), República Dominicana.



