Yoneice Pineda: “La educación es la única forma de sacar a las mujeres latinas de la pobreza”
Yoneice Pineda llegó a España desde República Dominicana con diez años. Hoy, convertida en empresaria y referente para otras mujeres, impulsa en Zaragoza la Semana de la Mujer Latina.

Yoneice Pineda tenía diez años cuando descubrió que en España el color de su piel podía determinar la forma en la que otros la miraban . Acababa de llegar desde República Dominicana y estaba en el instituto cuando un niño le preguntó al profesor por qué Yoneice era negra. La respuesta todavía la recuerda: “Porque Dios nos hizo en un horno y la señorita Pineda se quedó”.
“Me partió el alma” , cuenta. Tenía diez años, acababa de perder a su padre y había dejado atrás su país para comenzar una vida completamente nueva. “Desde ese momento entendí” que ser negra iba a ser un condicionante. Durante años cargó con ello hasta que decidió hacer precisamente de aquello que no podía cambiar “mi eje diferenciador”.
Tres décadas después, aquella niña es empresaria, formadora y presidenta de la Asociación de Mujeres para la Integración Internacional (AMPI) . Forbes la ha incluido entre las mujeres más poderosas de República Dominicana y esta semana impulsa en Zaragoza la Semana de la Mujer Latina en España , una iniciativa que nace para conectar y dar visibilidad a mujeres latinoamericanas que se han convertido en referentes en ámbitos como el social, el jurídico o el empresarial.
Pero Pineda también quiere poner sobre la mesa las dificultades que siguen encontrando muchas mujeres latinas cuando llegan a España. Habla de integración, de estereotipos y, sobre todo, de formación . Lo hace desde una experiencia que conoce bien: ella llegó a este país siendo una niña y asegura que poder estudiar transformó su propia vida.
“La única forma de eliminar la pobreza es la educación”
“España me brindó a mí el poder estudiar, el poder ver el mundo de otra forma”, explica. Para Pineda, la formación no es únicamente una herramienta para encontrar un empleo mejor. Es la posibilidad de ampliar las opciones con las que una mujer puede construir su vida. “La formación y los estudios abren la mente y generan un impacto positivo en las personas” , sostiene. Y lo resume en una convicción que atraviesa buena parte de su trayectoria: “La única forma de eliminar la pobreza es la educación”.
Cuando se habla de las mujeres latinoamericanas que llegan a España, señala precisamente la falta de formación como una de las barreras que pueden condicionar sus oportunidades. A ello suma las dificultades para integrarse y acceder al mercado laboral y unos estereotipos que siguen asociando a las latinas con determinados trabajos y papeles sociales . “Hay mucho estereotipo”, denuncia. Entre ellos, que una mujer latina tenga que dedicarse al cuidado de personas mayores o incluso la asociación de su origen con el ejercicio de la prostitución.
Por eso, una de las apuestas de la asociación que preside pasa precisamente por facilitar oportunidades educativas. Pineda cuenta que próximamente concederán cinco becas universitarias a mujeres de República Dominicana . El objetivo, explica, es que la formación pueda convertirse en una vía real para “salir de la pobreza”.
“El dinero es liberación”
Pero en su discurso hay una segunda pata inseparable de la educación: el dinero. “El dinero es liberación, quieras o no, y la educación también” , afirma.
Pineda lo vincula especialmente con la capacidad de las mujeres para decidir sobre sus propias vidas . Una mujer sin ingresos, sin estudios, sin una red a la que recurrir y con hijos a su cargo puede encontrarse atrapada en una relación en la que el hombre es el único proveedor. Y esa dependencia, sostiene, adquiere una dimensión especialmente grave cuando aparece la violencia machista.
“Es complejo salir de ahí si no tienes unos estudios, si no tienes dinero, si no conoces a alguien” , explica. “Y más si tienes hijos, más si el hombre es el proveedor”.
Sin embargo, su propia historia demuestra que la independencia económica no inmuniza frente a la violencia . Pineda tenía trabajo, era autónoma y disponía de sus propios recursos cuando ella misma fue víctima de violencia machista.
“Él me intentó matar”
Durante un tiempo, los insultos formaron parte de su relación hasta el punto de convertirse en cotidianos. “Él me insultaba, me decía de todo” , recuerda. Pero ella lo había normalizado. “Era un día normal entre nosotros”.
El punto de ruptura llegó durante unas vacaciones. Pineda cuenta que su pareja la empujó sobre la cama, se colocó encima de ella y la trató de estrangularla . “Él me intentó matar” , relata. Consiguió escapar, llamó a la Policía y, delante de él, pronunció las palabras que pusieron fin a aquella relación: “Hasta aquí hemos llegado”.
Su relación introduce una matriz fundamental en su defensa de la formación y de la autonomía económica. Tener sus propios ingresos no evitó que sufriera violencia ni que durante un tiempo normalizara comportamientos que hoy identifican claramente como maltrato.
Lo comprobó incluso durante el proceso judicial. “Si tú eres autónoma, eres una chica independiente” , recuerda que le dijo el juez. Ella respondió que sí, pero que no había visto —o no había querido ver— todo lo que había detrás.
Después necesitó ayuda psicológica y terapia para revisar aquello que durante años había aprendido sobre las relaciones y el amor. “La violencia no es una forma de amar” , dice ahora.
Ser negra en España
La violencia no ha sido la única experiencia que ha obligado a Pineda a cuestionar aquello que durante años había normalizado. Si de niña comprendió abruptamente que su piel podía convertirla en diferente a ojos de los demás, de adulto asegura que sigue encontrándose con formas de racismo mucho menos explícitas .
Habla de la sorpresa. De las miradas cuando presenta un proyecto ante una institución. De quienes escuchan cómo habla y se sorprenden de que su acento sea aragonés. De las personas que, después de conocer su trayectoria, le preguntan cuánto tiempo lleva en España o le dicen: “Pues eres muy inteligente, ¿no?”.
“Eso me pasa todos los días ya todas horas”, asegura. Y cuenta que ha terminado respondiendo con humor y contundencia a algunas de esas miradas: “Yo soy negra, pero gilipollas no”.
Pineda, sin embargo, no define a España como un país racista . Su experiencia, asegura, ha sido también la de un país que le ha “abierto muchísimas puertas”. Sí reconoce prejuicios, estereotipos y diferentes grados de rechazo dependiendo del origen, la posición social o el colectivo al que pertenece una persona.
“No quería una mujer que ganara más dinero que él”
La independencia que Pineda reivindica para otras mujeres también ha condicionado sus propias relaciones sentimentales. Cuenta que su última pareja quería un modelo de mujer muy distinto al que ella representa.
“Nos separamos porque él dijo que no quería una mujer que ganara más dinero que él” , relata. Quería, añade, “una mujer que estuviera en casa y que tuviera hijos”.
Pineda dirige sus negocios, trabaja con instituciones y organizaciones y mantiene una intensa actividad profesional. Cree que esa autonomía todavía genera inseguridad en algunos hombres y choca con quienes siguen asociando a las mujeres latinas con un modelo más tradicional de feminidad, en el que el hombre ocupa el lugar de proveedor y la mujer el de cuidadora.
Ella plantea las relaciones desde otro lugar. Tener independencia, insiste, no significa renunciar al amor, a los cuidados oa construir una vida en común. Significa poder estar con alguien sin depender de él para sobrevivir.
Volver para abrir camino a otras
La historia de Yoneice Pineda regresa así, de alguna manera, a aquella niña de diez años que llegó a España desde República Dominicana. La niña a la que hicieron sentir que el color de su piel era un problema acabó convirtiéndolo, dice, en una diferencia; la mujer que normalizó la violencia acabó trabajando en proyectos contra ella; y quien encontró en la formación una herramienta para transformar su propia vida quiere ahora acercarla a otras mujeres.
Ese es también el sentido que atribuye a la Semana de la Mujer Latina en España: crear comunidad, conectar referentes y hacer visibles a mujeres que han abierto camino en distintos ámbitos, pero también abrir oportunidades para las que todavía no las tienen. “Yo soy un ejemplo de que sí se puede” , asegura.
Quizás por eso, cuando habla de independencia, Pineda no habla solo de dinero. Habla de la posibilidad de elegir. También en el amor. «Yo soy mujer y tengo mi propia independencia y te elijo. Y tú me eliges a mí».
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