Cancino Adentro entre hoyos, lodo y miedo: residentes denuncian abandono total
Calles intransitables, averías en el agua potable, aumento de asaltos y una escuela paralizada por más de una década dibujan el panorama de un sector que se siente olvidado por las autoridades.

Santo Domingo Este. – En Cancino Adentro, el día a día se ha convertido en una carrera de obstáculos. Hoyos, lodo, tuberías rotas y la constante amenaza de la delincuencia marcan la rutina de una comunidad que asegura vivir en el abandono, mientras las promesas oficiales se diluyen con cada temporada de lluvias.
Moradores denuncian que las calles han colapsado casi por completo. Desplazarse a pie o en vehículos resulta “casi imposible”, describen, debido a los enormes cráteres que transforman las vías principales en caminos vecinales. Los motoconchistas esquivan zanjas, los carros se averían con frecuencia y, cuando llueve, el fango convierte el tránsito en una odisea.
“Los vehículos pasan más tiempo en el taller que en la casa. Para caminar hay que buscar hasta un burro por el lodo”, relata Máximo Jiménez, uno de los residentes afectados.
Aunque el sector cuenta con servicio de agua potable, múltiples averías en las tuberías provocan desperdicios constantes que reducen el suministro efectivo a los hogares. Los vecinos aseguran que han reportado la situación en reiteradas ocasiones sin obtener respuesta, mientras el líquido se pierde entre filtraciones y calles anegadas.
A esta precariedad se suma la inseguridad. Los comunitarios afirman que los asaltos se han vuelto frecuentes, sobre todo en las primeras horas de la mañana, cuando los trabajadores salen rumbo a sus empleos. “Aquí no se ve una patrulla. A las cinco o seis comienzan a salir los obreros y muchos son atracados”, denuncian.
Explican que la falta de motores y otro vehículo que permita el patrullaje debido a que el sector ha crecido bastante y una camioneta no da basto para el patrullaje, ni para el servicio del 911.

Una historia de rezago
Cancino Adentro arrastra una deuda histórica. En sus orígenes funcionó como vertedero del Gran Santo Domingo, clausurado durante la gestión del exalcalde Rafael Corporán de los Santos. Décadas después, el territorio fue ocupado por familias que levantaron viviendas improvisadas, muchas de zinc y madera, aún expuestas a cañadas y aguas residuales.
Más de 40 años después, el barrio continúa con escasos sistemas de drenaje, sin canalización adecuada de aguas negras y con estructuras habitacionales frágiles que amenazan con colapsar ante cualquier tormenta.
Trece años esperando una escuela
El rostro más visible del abandono es la inconclusa Escuela Básica Santiago Hirujo Sosa, levantada en la calle Antonio Guzmán cuya construcción lleva más de 13 años.
El plantel fue proyectado con 24 aulas, capacidad para 600 estudiantes, comedor y espacios para la jornada extendida. Sin embargo, permanece con pintura base, sin ventanas ni puertas, sin cancha terminada y con aulas a medio construir.
La obra, adscrita al Ministerio de Educación de la República Dominicana y ubicada en el Distrito Escolar 10-03, se inició en 2012, pero nunca fue concluida. Según residentes, la falta de fondos y fallas estructurales han paralizado los trabajos en varias ocasiones.
“El Estado no ha depositado. Si no entregan el dinero, los ingenieros se van. Ya muchas cosas están avanzadas, pero falta terminar”, explica Manuel, vecino de la zona.
Padres aseguran que deben enviar a sus hijos a centros educativos lejanos, enfrentar sobrecupos o esperar años para conseguir inscripción. “Para inscribir a un muchacho hay que rogar. Todos los planteles están llenos y la escuela del sector nunca la terminan”, afirma Leonardo, comerciante.
Un clamor colectivo
Ante este panorama, los comunitarios piden la intervención urgente de las autoridades municipales y del Gobierno central para reparar calles, reforzar la seguridad, corregir las fallas del acueducto y concluir la infraestructura escolar.
“Solo queremos condiciones dignas para vivir y que nuestros hijos tengan oportunidades”, resume Fe María.
Mientras tanto, Cancino Adentro sigue resistiendo entre el barro y la incertidumbre, esperando que las promesas oficiales se conviertan, por fin, en soluciones reales.
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